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sábado, 20 de agosto de 2016

Estación de ferrocarril EL CORONIL

En esta noche calurosa de verano, y buscando una excusa para tomar un poco el fresco, nos fuimos a las ruinas de la Estación de Ferrocarril El Coronil. Y como siempre, después de una buena cena en mejor compañía, estuvimos dándole la vuelta a la estación para no dejar ni un rinconcito sin su merecido recuerdo a través de la fotografía.









viernes, 15 de enero de 2016

THARSIS NOCTURNA

Las minas de Tharsis forman uno de los sistemas mineros más occidentales de la red de minas de Sierra Morena, en el sur de la Península Ibérica. Situadas en las estribaciones suroeste de esta serranía, nacen en el gran cinturón de pirita que se extiende de poniente a oriente, desde Alentejo a Sevilla y Badajoz pasando por la provincia de Huelva caracterizado, desde un punto de vista geológico, por la existencia de grandes depósitos polimetálicos, y conocido como la faja pirítica.
Dedicado a la extracción, transformación y transporte del mineral de pirita (hierro, cobre y azufre), se extiende desde la comarca histórica del Andévalo hasta el estuario de los ríos Tinto y Odiel, en el litoral onubense.
En esta ocasión quisimos visitarla y fotografiarla una fría noche de Enero pero en la que ni el frío nos hizo desistir de nuestro objetivo ni de admirar una visión espectacular bajo las estrellas.






















sábado, 21 de noviembre de 2015

EL MEMBRILLO (Huelva)


Y siguiendo con la necesidad de saber un poco más de nuestra historia y de los pueblos que nos rodean, nos fuimos una mañana gris hasta El Membrillo Bajo, un pueblo de Huelva que está más que abandonado. Está arrasado hasta sus cimientos. Sus ruinas, invadidas por las plantas, atestiguan lo que una vez fue una pedanía de Zalamea la Real, habitada por algo más de 100 habitantes. Cada una de sus piedras tiene una fecha invisible grabada: 1937. Ese año, en mitad de la Guerra Civil, el pueblo fue borrado del mapa, incendiado y bombardeado por un grupo de milicianos de Falange y miembros del Ejército. Los habitantes de El Membrillo huyeron a pueblos cercanos como la misma Zalamea o El Membrillo Alto. Detrás dejaron a una quincena de vecinos que, durante aquel año, habían sido torturados y fusilados o incluso pasados a cuchillo por los fascistas.

Y es que la masacre, que terminó camuflándose con en el drama general de la Guerra Civil, escondía su génesis en un pleito por tierras que se remontaba al siglo XIX. Desde mediados de esa centuria, los campesinos de El Mebrillo Bajo y los terratenientes de Zalamea habían litigado por unas 150 hectáreas de monte.